Cuanto más jóvenes, más atrevidos somos, algunos con el paso nos moderamos, en alguna medida. Tenemos la osadía de saberlo todo, sobre todo y de leerle la cartilla al primer despistado que se coloca enfrente. Me ocurrió por primera vez a finales de los 80, era capaz de resolver con cierto fundamento, y completo desparpajo, los asuntos informáticos más variados. Tenía la osadía de saberlo prácticamente todo sobre ordenadores, programas y su aplicación en distintos ámbitos profesionales o empresariales. Luego llegó Windows y la eclosión de la informática y todo creció demasiado rápido, en muy poco tiempo. Ya no lo sabía todo. Así que me centré en unos cuantos aspectos y me rodeé del equipo adecuado para el resto.
En la segunda mitad de los 90 pasé de nuevo por una situación parecida. Descubrí Internet por el 95 y me subí al carro sin dudarlo, en el 98 me consideraba una especie de gurú de la materia: programador, diseñador, conocedor de los secretos de los buscadores y de como crear webs eficaces, prácticas, en las que los contenidos fueran el eje de la experiencia. Solo dos años después en 2000 me dí cuenta nuevamente de que había perdido el carro y de nuevo busqué equipos top. El tema en España estaba complicado, había muy poquita gente cualificada, hasta el punto de que tuve que ampliar horizontes y buscar por todo el mundo. Desde entonces una buena parte de los magníficos profesionales con los que trabajo desde entoces están en Ucrania, Bielorusia, India... Mi inglés ha salido ganando.
Si esto son ciclos de 10 años en el que viene tendrá que haber una revolución. Si no está relacionado con la informática me pillará un poco a trasmano, lo de la ingeniería genética no creo que me entre. Qué será, sera.
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