Los clientes son exigentes a la hora de solicitar respuestas. Pagan y en función de lo que dan esperan un servicio equivalente, habitualmente superior.
Si analizamos el comportamiento de cualquier profesional que encontremos en nuestra actividad diaria: una señorita que nos ayuda a configurar una ADSL remotamente, un caballero que trata de explicarnos cual es la diferencia entre el plan Plus y el Requete Plus Plus de Mobifone, la persona que pretende vendernos un seguro de automóvil, todos ellos tienen algo en común: prácticamente no tienen idea de lo que hablan y no se te ocurra sacarles del guión porque se cortocircuitan.
Es una realidad en cualquier sector económico: para diferenciarte de tus competidores y posicionarte en estos nichos, tienes que sacar nuevos productos constantemente. Por muy afinado que esté el sistema siempre hay información que se pierde por el camino y otra que no llegará a todos los destinatarios. Y en el caso de que llegue, los trabajadores no tienen tiempo material para asimilarla. En una actitud de purita supervivencia: intentarán reservar algunos recursos, por lo que pueda venir.
Por lo tanto es comprensible que los clientes, los usuarios a los que habitualmente nos dirigimos, sean igualmente celosos de sus recursos neuronales. No está la cosa para derrocharlos y deben dedicar las energías justas a los aspectos tecnológicos. Para eso estamos, para indicarles de que forma una determinada tecnología es beneficiosa en su negocio y como la rentabilizarán. Dedicar un poco de tu tiempo a tus clientes es una magnífica inversión. ¿Tienes algo mejor que hacer?.
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